El Bello y La Bestia

Dicen las estadísticas que la cosmética es uno de los productos mas vendidos en la industria del MLM. Yo tuve que ser un visionario…

Todavía recuerdo como si fuera ayer (y hace más de 10 años…) la primera vez que hice una presentación de productos de cosmética en la primera empresa de venta directa con la que trabajé. Algunos la califican de gran hazaña y valor, aunque para mi fue casi un milagro!

Os pongo en antecedentes… Trabajaba en la construcción, así que mis manos eran lo menos parecido a un experto en belleza. Pero me había creído 100% eso de que “si quieres, puedes”… y había visto una oportunidad para salir de donde estaba. Así que, me puse “manos a la obra”… nunca mejor dicho…

Tenía que buscar personas para empezar a hacerles la demostración. Y que mejor que una conocida del barrio humilde y obrero, donde vivía.

En realidad, le pedí ayuda a mi mejor amigo, y le dije que buscase a alguna chica que quisiese hacerse una hidratación facial gratuita. Pero, no se si por venganza, o en complot con mi novia, no buscó lo que se puede decir a una “chica”.

Por fin llegó la tarde. Llegué a mi piso de “soltero” después del trabajo; me duché y lo preparé todo. La escena era de película. Mi novia, que no estaba muy por la labor de ayudarme (los que hayáis leído el número anterior de la revista sabréis de que hablo…), esperaba sentada en el sofá con cara de Maléfica, como si supiese lo que iba a suceder y estuviese esperando el momento perfecto para empezar a reir… (el sexto sentido femenino o la obviedad pura y dura).

Pero a mi me daba igual. Tenía clara mi propósito. Sonó el timbre y allí estaba ella… la “chica”, que venía acompañada por mi “amigo”.

La verdad es que no sé como explicar muy bien lo que ví… sin ofender a nadie y usar las palabras adecuadas… La “chica” en cuestión vestía ropa de deporte: calzonas cortas tipo baloncesto, camiseta y zapatillas de deporte.

Su peinado no se podía calificar como tal, mas bien era un despeinado… Y su cara parecía no haber visto ni de lejos una crema en su vida….

En fin, ya estábamos allí, así que por lo menos, me serviría para ensayar. Le invité a que pasara y se sentase en la mesa del salón donde había preparado los productos. Le expliqué lo que íbamos a hacer siguiendo mi “exhaustivo” guión. Le pedí que se pusiera el turbante para el pelo y el babero para no mancharse la ropa, y comenzamos.

La primera pregunta de mi guión: ¿sueles utilizar normalmente algún tipo de cosméticos?… Respuesta clara y contundente: NO.

Vaya… ¿y ahora como sigo? Bueno, por lo menos habla. “No” es la primera palabra que había dicho desde que llegó, cosa que no facilitaba mucho mi labor.

El silencio de prospecto, de mi novia y de mi “amigo” creaba una tensión en el silencio que captaba hasta el loro, que por cierto tampoco había dicho ni “mu” el muy… pajarito; y eso que no paraba en todo el día…

Bueno, tenía que seguir y terminar, aunque fuese para cumplir el dicho de “antes que tirar la toalla, me la como”. La “chica” siguió poniéndose los “potingues” tal y como yo le decía… más o menos.

Pero cuando la escena no podía parecer mas dantesca, llego el momento de 2la mascarilla, que era verde, por cierto. Y allí estaba ella. Con su turbante, su babero, y su cara más bien redonda, llena de granitos, con una sombra oscura y sospechosa en el labio superior (bozo ponía en mi guión exhaustivo de belleza).

Cuando se extendió la mascarilla por su rostro, se me vino una imagen a la mente rápidamente: Shrek.

Después de que pasaron los minutos pertinentes, que parecieron los más largos de mi vida, la “chica” se retiró la mascarilla. Ahora debía ver y sentir un cambio sorprendente en la piel. Pero…

Segunda pregunta del guión. ¿Sientes algo diferente en tu piel? Respuesta clara y contundente: NO.

Vaya… ¿y ahora que digo? No sé si podéis haceros una idea de mi cara, la de la “chica”, mi novia y mi “amigo”, intentando no reírse a carcajadas sentados en el sofá.

Para no hacer más larga la historia, (aunque tendría para escribir un libro) seguí con el guión hasta el final. Obvié la parte de pedirle referidos, por si acaso. Le di las gracias y se fue.

Lo que vino después os lo podéis imaginar. Lo voy a obviar también por respeto a la dignidad de mi persona. Pero no me importó. Yo seguí adelante, con mi guión, mis productos y mis hidrataciones. Iba a demostrarle al “mundo” que yo sí podía, y que lo haría con o sin ellos (me refiero a mi novia y mi “amigo”, claro).

Y así fue. Llegué a hacer ventas de más de 200€ en una presentación. Todo era cuestión de práctica, de ponerle ganas e ilusión al proyecto. Otro día os contaré otras “hazañas” que tuvieron lugar en el peculiar viaje de un maquinista de obra, sin experiencia en el sector, pero dispuesto a comerse el mundo.

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